19 de mayo de 2019

Mi piel



Mi piel es el sueño de un dios recién nacido

creado en la furia de la verdad,

espacio de tiempo que se duerme en palabras,

historia de la mitología en cada pliegue,

arena y humedad.



Tiene la herencia de lo humano

en su transpiración,

sabe de las batallas y su penumbra constante,

ha sido víctima del torturador,

desaparecida en cualquier mazmorra

abandonada en las cenizas perdidas de los muertos.




Ha sido carcomida por los buitres,

las hormigas, los gusanos

y sigue respirando,

renace cada madrugada,

en el aliento del ritual blasfemo

que se niega a verla morir,

porque se baña de ella,

se alimenta de los restos que deja sobre

el lecho de palabras.



Mi piel no tiene tregua,

invoca el silencio de los desamparados,

guerrillera de poesía,

camina en espinas de la verdad y no se rinde,

respira y transpira,

se purifica ante la ausencia,

no tiene enemigo capaz de derrotarla,

esta viva,

aquí sigue junto al dios

herido de muerte por la ausencia.



Mi piel

creación de tiempo,

ciudad sagrada para los peregrinos,

tierra prometida del profeta,

respiración del viento en el lenguaje.



Voz primigenia del fuego,

en ella viven el jaguar y la serpiente,

tiene garras, tiniebla feroz del miedo,

ha sido devorada por los tigres,

transformada en tierra y cielo.



Corazón refugiado en sangre

de guerreros zoomorfos,

nivel celeste del cosmos

augurio de sabiduría marina,

lleva en su voz al chaman de la locura.


Mi piel camina sin tiempo,

fuma el tabaco de la vida,

esperando que llegue

lo total de otra piel nómada

que refleje la humedad

en el corazón de la palabra.


    




10 de mayo de 2019

Mujer ancestral










  
  Ancianas que aún son fetos

            gritan el rencor de todas

                               las del mundo

                                   las de carne suave

                                        vestidas de dignidad.



                                                              
                                                             
                                         II                                 
                                      Las ciegas de las edades

                                   lloran con el puño levantado

                                 sus ancestros en el corazón

                              caminan con pies descalzos.




                  

            III



          Son portadoras de eco de la verdad

                              que se levanta hace siglos

                                 en la fertilidad de sus piernas.





29 de abril de 2019

XVI


(Del libro La danza oscura de los días, México 2013)

Fotografía recuperada de internet


En estas ruinas donde la luz se desvanece
en sombras quedan las plegarias de vírgenes 
rotas que  viven con la fragancia de las 
gardenias en el encaje de sus corpiños.



Un dolor de silencio recorre sus pliegues

sus pechos viven el insomnio de la espera,

embriagadas  de fe y ajenjo buscan

la zarza ardiente en  la profundidad de sus piernas.



Aúllan los días que se derrumban

en la oquedad del espejo,

la ternura ajena de su vientre revienta

en la madera carcomida de las puertas.


Llueven los minutos del reloj en las ventanas,

los días se marchitan como ataúdes bajo tierra.



Con la edad deshojada por la melancolía

se escuchan plegarias a media noche,

la tempestad del olvido muerde las arterias.



Las ancianas abrazan su lecho

y  descansan en la tierra seca del otoño.

19 de marzo de 2019

XXXIII 

(Del libro La danza oscura de los días, México 2013)


Foto recuperada de internet

El ritmo incrustado en las olas


imita el movimiento insomne de los amantes

fluye como el opio en el hondo color de la 

sangre,

es el vértigo de la noche en los cuerpos de 

arena,

la sal germinando los sudores,

el tacto que encuentra la raíz de la 

caricia, 

es el  vuelo de las aves antes de rasgar el 

día.



Se rompe la ola en el olor pétreo de la 

medianoche,

alguien busca los restos del barco que 

naufraga en el cronograma olvidado por los 

vivos,

las caracolas ofrendan al ciego

su último sonido.



El mar habita cada hueco de las amantes 

abandonadas,

las deja extasiadas al filo

de la niebla donde se aloja la muerte.


26 de mayo de 2017

Autorretrato

                                                      

Abrí los ojos una noche de agosto

con la lluvia rapaz de la 

madrugada,

nocturna ave dijo mi Padre,

mi Madre predijo el destino

en mis pupilas.



Niña que canta bajo el ritmo 

frenético de las calles,

escondida en el barco lejano

habitado por las alas

de los gorriones dormidos.



Esta ciudad que me habita

me guarda en el viejo armario de sus vagones,

ciudad de asfalto

donde los gritos son ecos de los muertos,

ciudad que olvida mi nombre entre sus grietas.



Envejece el tic-tac del reloj

los patios de llenan de silencio,

la imagen borrosa de mi Padre

permanece en el espejo de la infancia.



Soy la hija hambrienta de la memoria

la que en el fluir de la sangre

lleva la silueta del abuelo

macerada en las horas del sol,

los pasos entre las sábanas

de flores marchitas y

el último aliento de la Abuela

cuando nació mi Madre.



Soy la desconocida que abraza

el tiempo curtido del maíz,

la lluvia de los funerales

y la tierra húmeda donde quedó mi Padre.


16 de enero de 2016

VI-16



Seis colibrís rodean


su cintura,


cruzan las amapolas,


expanden colores de 


naturaleza muerta


en sus raíces.



Pupilas iridiscentes


hacen florecer caléndulas,


semilla-mujer-animal


que extrae el néctar de la vida


y descansa sus alas en


las arterias vivas del otro.