6 de noviembre de 2017

Viaje


















En direcciones diversas

se expande el universo
en su profundidad navegamos
como Ulises en busca de 
Ítaca,
millones de kilómetros 
se liberan en segundos
inundan de luz el viaje milenario
de las historias que somos.

Materia en expansión,
que fecunda ciudades sagradas,
que crea cosmovisiones,  
lenguajes y epopeyas
donde los héroes míticos 
viajan al inframundo
escuchan el canto de los muertos
y renacen bajo el vientre 
ardiente de la pachamama.

¿Y entonces, qué somos?
¿De qué arcilla estamos hechos?
¿Somos luciérnagas brillantes 
en el etéreo espacio del tiempo?
¿Somos emigrante viento nocturno?
¿Somos sombras reflejadas en las dunas del desierto?
¿Somos huéspedes de la humedad 
de un cuerpo que se expande y se contrae?

A veces somos niños ciegos perdidos
en la caverna de lo desconocido
caminamos en la humedad de la hierba,
tropezamos con convulsiones telúricas
e irradiamos lo que conocemos sin saberlo.

A veces nos incendiamos 

en el universo,
somos big-bang
irradiación del caos,
moléculas, partículas, 

diáspora cósmica,
ondas gravitacionales 

de la vía láctea.

Somos el otro yo
que habita en la conciencia
y nos sigue observando.

A veces somos guerreros
griegos, romanos, mayas
incas, españoles, vikingos,
habitantes de todos los continentes
asesinos de lo humano,
en nuestra historia 

habita el dolor y la tortura.

A veces caminamos entre cadáveres,
sonámbulos de la realidad
la sangre fluye en el asfalto
la tierra infértil 

es el nuevo jardín de la humanidad.

Seguimos el ciclo del universo
esta energía nos lleva
nuevamente al big-bang
y en esa involución del tiempo tal vez
seremos menos inhumanos
de lo que ahora somos…
o tal vez
simplemente nos transformemos
en el espejo del multiuniverso 

que nos observa.

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