12 de junio de 2014

Migrantes I.





Foto de Sonia Galindo. 
















Dejaron la casa 

una noche en que las alas del miedo 

surcaron el vientre de la tierra. 



La madre tenía en la mirada 

la desesperación del que sabe 

de ausencias. 




Ellos, peregrinos 

de la selva al desierto, 

se diluyen en el río humano 

de los desplazados por el hambre. 



Éxodo de abandono, 

caminar el último sol 

que dispersa su lápida en los hombros. 




La piel envejece de cansancio, 

las espinas del hambre se expanden 

en las vértebras, 

las horas dilatan la sed

que asfixia a cada paso. 



Boca de lobo son los caminos 

donde cabalga el apocalipsis 

que merodea los trenes, 

mutila la humanidad, 

viola la fertilidad de las madres, 

abre fosas en el hueco del dolor, 

tritura profundo en la raíz de la sangre. 




Perdidos en el polvo 

conversan con sus fantasmas; 

incertidumbre de un siglo 

incendiado en las llagas del destierro.













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